
Un año más las fallas llegan a Sedaví. El paisaje urbano ya ha cambiado desde hace unos días.
Los niños con uniforme del “Colegio Sedaví” (bendita enseñanza concertada) han sido sustituidos por niños (y padres) con el polar oficial de cada falla. Y la caja con los petardos.
Sedaví no tendrá muchas cosas reseñables, pero vida “en la calle” no le falta. La plaza del ayuntamiento (Jaume I) es un hervidero casi todo el año y llegadas estas fechas y con los actos propios, todavía más.
Felicidades a todo el mundo fallero y paciencia a los que de alguna manera lo sufren (canes incluidos).
Dicho esto, vamos a centrarnos en el espíritu de las fallas: la crítica. Algo muy saludable, necesario muchas veces y que en la mayoría de ocasiones solo dispone del soporte del ingenio plasmado en las fallas para llegar a los vecinos. Esto, siempre que las fallas mantengan su independencia, se financien con las cuotas de sus componentes y no pasen a ser otra institución o chiringuito gubernamental.
No cabe duda que todas hacen esfuerzos para destacar en ingenio y crítica, pero en Sedaví, un año más ha sido la Falla de Sant Torquat la que ha disparado mejores dardos de talento y con más chispa. Y de todos los colores. Ha retratado (de nuevo y como debe ser) a los portavoces de los cuatro partidos políticos con representación en el ayuntamiento. Quizá el más representado ha sido el alcalde, pero para eso es el alcalde, ya sea a tiempo parcial, fijo discontinuo, pluriempleado en la Mancomunidad, delegado de la delegada y anfitrión de mini…mini….ministros/as (no me salía).
La “radiografía” que hace la falla de las figuras de nuestro “hipódromo municipal”; jinete y caballo, son definitivas. Aunque no se identificaran con nombre y colores, con la descripción de sus “cualidades” cualquiera sabría a la “cuadra” a la que pertenecen y sus cualidades particulares; aunque alguno, más que caballo de carrera sea un pony de la política (raza famosa por su escasa altura y su resistencia, especialmente a abandonar el sillón o sillones). ¿No fue Calígula quién quiso nombrar senador a Incitatus, su caballo favorito?. Pues en este loco mundo -todo vuelve- nada nos puede extrañar.
La falla Bressol del Moble (bonito monumento principal) también ha realizado alguna crítica política, pero no de todos los colores. Aunque todos sabemos quienes nos vampirizan a impuestos y protagonizan toda clase de desmanes, han sido los representantes de los partidos de derechas los que aparecen repetidamente como vampiros envueltos en capas/banderas (estas sí de todos los colores).
Otros, verdaderos chupasangres, se han ido de rositas.

Aunque seguro que algún mal pensado, dado los altos vuelos del brujerío municipal, puede creer que el artista ha representado al alcalde en un “Bancal de Rosas”. ¡Con lo mal que huele ese bancal!
Dada la aparición de personajes de nivel nacional, se echa en falta la diversidad. Cierto equilibrio e imparcialidad. Ábalos, Salazar, Marlaska, Iceta, Bono…o la Yoli, o el jefe de todos; no hubieran desentonado entre tanto quiróptero.

En cuanto a la defensa del asunto del reparto de ingredientes para las paellas en el cementerio (hay fotografías y testimonios) denota un servilismo innecesario. Al mismo asunto se le podía dar un giro fallero sin tener que ponerse en evidencia. Pasó lo que pasó y punto. Y fue de mal gusto.
Por cierto el abuso de la IA en cartelería va en detrimento de los monumentos. Resulta repetitiva, impersonal y aburre.
En las otras dos fallas de la población, Nou Sedaví e Isabel de Villena, el evidente menor presupuesto se ha visto reflejado materialmente en los monumentos, pero el espíritu fallero ha de ser el mismo.
No queda más, que desear unas fiestas josefinas en paz y armonía.
E ir pensando en que en 2027 serán mejores.