Extraño

El accidente de Adamuz, según el ministro “tuitero” ha sido “tremendamente extraño”.

El apagón general que sufrió toda España el 28 de abril de 2025, fue tan extraño que todavía no nos han contado la causa. Aunque todos la intuimos.

La pandemia del COVID-19 que iba a suponer solo uno o dos contagios según el portavoz del comité (inexistente) de científicos del Gobierno, Fernando Simón; “extrañamente” costó decenas de miles de muertos. Tremendamente extraño, ya que con el coronavirus en explosión se celebró el 8-M.

La DANA de Valencia, también se podría catalogar como algo “tremendamente extraño” a pesar de ser un fenónemo que se repite desde que el Levante es Levante y el Plan Sur es la prueba más visible de la necesidad de protección.

De la DANA se culpó a Mazón por estar de comida y sobremesa en El Ventorro.

De los muertos del COVID en residencias, a Ayuso, a pesar de arrogarse la responsabilidad de las residencias el entonces vicepresidente y actualmente tabernero online desde Méjico, Pablo Iglesias.

Del apagón, no se sabe exactamente, pero en un principio se quiso culpar a las “eléctricas” (son ricos) y no a Red Eléctrica/Redeia (son enchufados).

Estamos a la espera de ver quién tiene la culpa de la catástrofe de Adamuz.

Sabemos que a Franco no se le vió deambulando por allí. Que Ayuso estaba perfectamente localizada. Que Mazón no estaba en El Ventorro otra vez. Y Feijoó estaba en el peluquero para que le recortara las puntas y así que Sánchez le tomara un poco menos el pelo en la reunión que tenían.

Tremendamente extraño, pero la realidad parece que es otra.

Si la obras del Plan Hidrológico se hubieran realizado, la DANA no habría causado los daños en vidas y materiales que produjo. Aunque Mazón hubiera comido, cenado y desayunado en El Ventorro. Y resulta extremadamente extraño que se cite judicialmentemente a Feijoó y no a Ribera o Sánchez, responsables de las infraestructuras hidrológicas. Extraño también que Feijoó mantenga sus guasaps intactos mientras que la mitómana Pilar Bernabé y compañía, parece que los han borrado.

Si el gobierno en su deriva ecolojeta no quisiera convencernos de que podemos vivir exclusivamente de energías renovables, pagando cada vez más cara la energía, importando cada vez más gas de Rusia, pero destruyento presas y centrales nucleares; el apagón quizá no se habría dado. Y algunos enfermos dependientes de máquinas, vivirían.

Si la compra de material sanitario básico para prevenir contagios en la pandemia, no hubiera estado supeditada a los negocios de empresas vinculadas a políticos, cuando el empresario Amancio Ortega había puesto a disposición de los españoles sus medios y conocimiento de China, posiblemente los contagios hubieran sido menores. A pesar de los mensajes de que “el fascismo mata más que el COVID…” o el “Coronavirus… ooeee… coronavirus, oeee…”, extrañamente no fue así, el COVID diezmó una generación.

Y sin ánimo de anticiparnos, la catástrofe de Adamuz, quizá con un mantenimiento adecuado de las infraestructuras, no estaríamos lamentando tantas muertes.

Pero si que se intuye el agotamiento del relato del gobierno ante cualquier desastre que le afecte intentando derivar la responsabilidad a la oposición política. Queda un ejército de “charos” dispuestas y dispuestos a tragar cualquier sapo que le receten, pero poco más. Y la gente con un mínimos criterio no traga ya. Por muchos Cintoras, Ruices, Intxaurrondas, Broncanos o Santaolallas.

Por eso, cuando tras la DANA, solo hubo abandono, mentiras y asalto del consejo de RTVE; en Adamuz, la puesta en escena ha sido diferente. Aún no se han levantado e identificado a todas las victimas y Sánchez, Puente y Marlaska ya han hecho acto de presencia. Se han suspendido agendas políticas y se han declarado tres días de duelo oficial. Y dice: “Vamos a dar con la verdad”, mientras incluye en la comitiva a la choni Montero, que no tiene ninguna competencia en este caso, haciendo campaña para las autonómicas.

No respetan ni a los muertos.

Nada extraño. Tremendamente habitual

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