
Leíamos en Las Provincias, el día 10 de marzo pasado, el siguiente titular
“Todas las fallas de Sedaví son ganadoras en solidaridad”
“Las cuatro comisiones renuncian a los premios falleros y donan ninots para la falla Nou Sedaví, que ha perdido los dos monumentos por la dana”
Que las fallas en Sedaví en 2025 no han sido las mejores en cuanto a lo material, es innegable. Que además el tiempo no ha acompañado para que otros actos llenaran de alguna manera ese vacío que suponía algunos monumentos desangelados, también. Pero lo que no hay duda, en un mundo donde reina la germanor, pero también la rivalidad, es que ha primado la primera.
La solidaridad demostrada por el mundo fallero se ha evidenciado en nuestro pueblo. Y eso, en los tiempos que corren, es bueno.
La riada afectó a todos, pero de manera especial a comisiones que perdieron sus monumentos. Comisiones formadas por personas, de las cuales muchas también se vieron afectadas (y siguen) por el desastre en su ámbito particular. Golpe sobre golpe.
La solidaridad entre las distintas fallas de la población y de fuera ha permitido que se cumpla el sueño fallero de todos los años, aunque este año la realidad quedara por debajo de lo soñado. Pero las fallas en la noche del día 19 de marzo, se igualan, se convierten todas en ceniza. La ceniza que abonará la nueva falla del año próximo. El sueño comienza en ese momento.
Atrás quedan momentos entrañables entre los componentes de las distintas comisiones, orgullo del trabajo cumplido, lágrimas, agradecimiento y anécdotas como la de los bomberos que se llevaron uno de los carteles con el mensaje de Posteguillo tras la riada; para instalarlo en su parque.
El mundo fallero, ya está en 2026.
Tanto a la falla el Bressol, que cumplirá sus primeros 50 años, como la de Sant Torquat, Nou Sedaví o Isabel de Villena les deseamos el mejor futuro.
Y si es posible, que escampe. Queda algún acto.
Es casi una tradición que las fallas se mojen un poco, pero no esto.